Bautizo de guitarras en el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares

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Enmarcado en la celebración de los 25 años del Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares de la Biblioteca Nacional, tenemos el agrado de invitar a quienes deseen bautizar su guitarra o guitarrón a la usanza campesina, para el día jueves 3 de agosto, a las 19:00 hrs., en las dependencias de este Archivo (sector Moneda, tercer piso).

20/07/2017

Fuente: Biblioteca Nacional

Esta actividad la realizará la destacada investigadora de la cultura tradicional, Patricia Chavarría. Quienes deseen participar de este rito deben tener una madrina y un padrino (o uno de los dos), indicar un nombre para su instrumento e inscribirse al correo matecito@bibliotecanacional.cl hasta el día jueves 27 de julio. Los cupos son limitados.

 “Mi guitarra es mi compañía, con ella me divierto y canto, por eso que la cuido tanto también” ―contaba la señora Rosa Hernández, de Canelillo, comuna de Pelluhue, el año 1996―. “La guitarra tiene que tener su lugar especial. Yo a la mía le tengo un paño, la envuelvo, encima le pongo un bolsón de nylon rojo grande y ahí la amarro. Le queda la pura cabecita pa’ que no le pase el viento...”

Las cantoras campesinas consideran que sus guitarras son sus compañeras, por eso se las trata como tales: se las quiere, se las cuida y se las bautiza, con madrinas y padrinos incluidos, para evitar que alguien le haga un mal de ojo. La cantora Fresia Osores, de la localidad de Curanipe, también en la comuna de Pelluhue, relata cómo se lleva a cabo este rito:

La guitarra se bautiza con aguardiente. Si quieren ponerle nombre les ponen. Algunos le llaman la vihuela, la cogote ‘e tabla, la cogote ‘e yegua, pero normalmente la bautizan no más, o sea, yo te bautizo y listo, para que no se rompa. Después se le hace un saquito especial con una manta encima y la cuelgan en un clavo. También se puede ojear, igual que un niño. Cualquier persona puede ojearla; si la encuentran bonita y tiene mal ojo y no le dice ‘Dios te guarde’, entonces la ojea. Así dicen los antiguos, los sabios. Nadie sabe cómo tiene el ojo, a veces anda más fuerte y otras veces más simple. Cuando la guitarra se ojea, se desafina o por último se pone mala, no da razón, o se puede hasta quebrar, no se sabe cómo. De un momento a otro la puede encontrar quebrá’. Para protegerla hay que echarle adentro unas pepas de ají, unos granos de sal, de esta sal gruesa, y unas hojas de canelo, y sirve para que se mantenga, incluso, la voz de la guitarra.

Estos testimonios, citados del libro Canto, palabra y memoria campesina de las autoras Isabel Araya, Patricia Chavarría y Paula Mariángel, dan cuenta de una de las tantas manifestaciones de la religiosidad popular que enriquecen la cotidianidad de las personas. El bautizo de guitarras es una forma de expresión de la fe vinculada a la cosmovisión, relación con lo trascendente e identidad local de las comunidades, sin tener relación con el dogma y doctrina eclesiástica. Este rito se fundamenta precisamente en esta humanización que las cantoras hacen de sus guitarras, en considerarlas sus compañeras de vida, para cantar sus felicidades y sus tristezas.

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